Author Archive

Vendo mi voto

By Nacho Pastor on November 30, 2009

A días de entrar al último cuatrimestre del año 2009, ya es tiempo de pensar en elecciones. En realidad, creo que nos han hecho pensar desde hace rato y más de lo que de verdad queremos… pero bueno. Por mí está bien, me gusta la política. Por sobre todo me gusta sentirme escuchado, sentir que tengo derechos y sentir que gente trabaja día a día para que haya una democracia (sí, este es el régimen político que más me gusta), y no sé si me gustan la mayoría de los políticos pero, en fin, entiendo la política como organización y creo que eso es la base de todo.

Empiezo a escribir y me da para pensar mucho. Vivo fuera de Chile hace casi dos años, y en este preciso momento reflexiono, ¿podré votar para estas próximas elecciones? La verdad, no sé. Cuando empecé a vivir fuera de Chile comencé también a asumir los costos que significaba eso: creo que los más importantes son estar lejos de la familia, los amigos y quizás la palta, el pisco o la Limón Soda. Costos que, claro, son difíciles para cualquiera, pero con valentía y esfuerzo se van asumiendo totalmente, pues fui yo quien se quiso ir del país, nadie me obligó. Un punto más para de la democracia. Supongo también que otros que están como yo y, afortunados todos, asumen ese tipo de implicancias.

Pero hoy siento que tengo otro costo y que, para mí, es políticamente incorrecto: no poder votar en el país que vivo, sino que sólo en Chile. Este tipo de costo es uno que duele, porque justamente lo que puedo hacer al respecto es otorgar mi voto a un representante político para que pueda cambiar esto. Y actualmente sólo me queda depender de un buen par de lucas para comprar un pasaje con destino a mi país y ejercer mi derecho.

Recuerdo las clases de Cívica en el colegio y al profesor diciendo: “ustedes son chilenos, pero cuando se inscriban en el servicio electoral serán ciudadanos”. ¡Bacán! a los 18 años empecé a serlo. Pero hoy, con 23 y viviendo en Río de Janeiro, ¿acaso no lo soy? ¿Seré menos chileno?

Según mis antecedentes dados por el registro civil chileno, no tengo condena alguna en el país y en el que me encuentro no vengo a ejercer la criminalidad, sino que a estudiar. Tampoco he deshonrado a la patria, ni siquiera al entender y apoyar la salida al mar a Bolivia. No tengo un árbol genealógico de raíz europea o equivalente para obtener otra nacionalidad y tener la opción de renunciar voluntariamente a la chilena. Tampoco lo haría. Entonces da igual lo que diga o haya hecho; pero desde acá, sigo con el deseo frustrado de poder votar fuera del país.

Ojo: menos mal somos un país moderno, en vísperas de celebrar 200 años como república independiente. Estamos grandecitos, ¿no? Orgullosos de ser pioneros en tecnología en Sudamérica, tenemos muchos tratados de libre comercio. ¡Wow! ¡Qué buenas y baratas son las compus en Chile! Y sí, dicen que habrá acceso a Internet gratuito en un par de años.

Las distancias se achican, el país se agranda, pero aún así somos también un país en continua búsqueda de conocimiento foráneo; con chilenos que han tenido la oportunidad de emigrar y conocer, representar a la patria en lo que se esté haciendo, porque la realidad es así. La misma realidad de asumir que somos patiperros por naturaleza; no por nada existe el dicho “a donde se vaya en el mundo, hay un chileno”. Y chileno de pies a cabeza, porque también habla con el “cachái” y se viste de rojo cuando juega la selección, y allá, lejos, llena estadios con sentimiento y a cualquier precio. Incluso son esos mismos que, hasta en carretes, les nace el espíritu de embajador hablando de la Presidenta, de la democracia, de la estabilidad económica, del vino, de Neruda, de Zamorano, del famoso general y del etcétera. Y con ésos me identifico y, además, tengo suerte, pues soy, quizás, de la minoría que vive “a la vueltita de la esquina”, de lo que también es un territorio chileno. La embajada (también los consulados), a pesar de la cercanía para mí, que no es para todos, podría ser un centro para concurrir a votar.

Reclamo: nosotros, ciudadanos chilenos residentes en el extranjero, somos los que perdemos el derecho a voto, el que tanto nos costó, el que hoy nos cuesta mucho también y el que “voluntariamente” perdimos.

El año pasado residí en Argentina. Para las elecciones me quedé en ese país, me rebelé y no justifiqué mi ausencia en el consulado. Mi rebeldía fue por el poco compromiso de los políticos de hoy en luchar por un cambio en la Constitución para votar en el extranjero. Quizás una decisión muy juvenil, pero soy veinteañero, y a los cuarenta, a mucha honra, lo haría igual. Pero, ¿tendré que pagar mi rebeldía con la pena de no sufragar? Espero que no, de verdad quiero votar. Es mi derecho.

Espero también que el no votar sea cuestión de política y no de economía. Dudo que tener una urna en los consulados sea un gasto significativo para una elección. Como también dudo de muchas otras cosas. En cambio de lo que sí tengo certeza es que los más de 800 mil chilenos que viven fuera del país y, suponiendo que de esos la mitad votara, es decir una población votante equivalente al 5% de los que sufragan hoy en el país, en el Chile transparente, moderno e igualitario que, queremos todos, sería aún mejor. Eso es lo importante.

Señores candidatos: vendo mi voto al mejor postor. Necesito un pasaje a Chile para el 13 de diciembre, ojalá un nuevo compu potente que permita colgarme al CDF, un par de kilos de palta Hass y un permiso vitalicio para exportar Limón Soda. Les confieso que me conformo con volar en LAN. Que la calidad del asiento sea proporcional a los gastos de sus campañas… eso hablaría muy bien de ustedes. Confío en el criterio de un futuro presidente. Total, en Chile hay democracia, los niveles de corrupción son bajos y el voto sigue siendo secreto y, de eso, estoy orgulloso. Yo también soy chileno, hueón, crecí con la cámara viajera de Don Francisco, nunca he ido a las Torres del Paine y sólo conozco Rapa Nui por televisión.

Nacho Pastor

Popularity: 86% [?]