Por vozsinvoto.clNovember 10, 2009

Un derecho pendiente

El 16 de mayo de 2007, el Congreso Nacional rechazó el proyecto de ley que otorgaba el derecho a voto a chilenos residentes en el extranjero: 63 a favor, por parte de parlamentarios de la Concertación, 23 en contra de la Alianza y 20 abstenciones –se necesitaban 69 votos a favor para aprobar la iniciativa.

El tema reflotó este año, cuando unos meses atrás se produjo la discusión parlamentaria por la inscripción automática y el voto voluntario, propuestos por el oficialismo. Rápidamente aparecerían voces a favor, y –extrañamente, tomando en cuenta la tendencia de otras ocasiones–, pocas en contra. Tanto el candidato presidencial de la Concertación, Eduardo Frei, como el de la Alianza, Sebastián Piñera, se cuadraron junto a la Presidenta en la necesidad de legalizar el proyecto que –según cifras oficiales– permite a los 857 mil compatriotas votar en cada una de las elecciones del país.

Sin embargo, la Alianza tenía un reparo: sólo los chilenos en el extranjero que mantuvieran vínculos con el país podrían hacer efectivo su derecho a voto. Es decir, sólo aquéllos que hayan visitado Chile dentro de un lapso de cinco años. Una condición impuesta por la UDI que, en un principio, se opuso férreamente a la iniciativa –incluso llegó a hablar de “contrabando político” por parte del gobierno.

Si bien hoy, tras poco más de dos años desde aquella votación en el Congreso, ambas coaliciones parecen estar a favor del voto en el extranjero. El reparo de la oposición ha vuelto a trabar el tema, generando una nueva polémica en la que la pregunta de fondo sería otra: ante una eventual elección, en la que sí estarían incluidos los votos emitidos por los chilenos residentes en el extranjero: ¿quiénes, de todos esos compatriotas, cumplirían las condiciones para votar?

Este nuevo panorama aumenta la incertidumbre de los miles de chilenos alrededor del mundo que, por diversas razones, han dejado –o se han visto obligados a hacerlo– el país. La discusión no parece tener fin. Lo cierto es que tras algunos meses de presión, el gobierno ha desistido del tema, así como también los candidatos presidenciales que, por más que lo incluyan en sus programas de gobierno, han dejado de mencionarlo en sus discursos: en el primer debate presidencial no se tocó ni una sola vez el tema.

A esta altura, el derecho a voto parece un recurso populista, una de las tantas maneras de conseguir votos gratis para cada uno de los candidatos que se presenta en una elección, tal como el tema de la delincuencia y la salud –no se puede negar que el tema es polémica en cada una de las elecciones, pero siempre por un tiempo y siempre termina en lo mismo.

El 13 de diciembre los chilenos debemos cumplir con el acto emblema de una democracia: la elección del Presidente de la República. Y mientras los más de 8 millones de ciudadanos inscritos en los registros electorales estén ejerciendo su derecho, los miles de chilenos en el exterior –esos mismos que aparecen gritando el “ceacheí” cuando juegan Massú o González, o lloran cuando escuchan el himno nacional cada vez que la Selección juega en el extranjero– no tendrán más que sentarse a esperar a ver qué sucede a la distancia.

Es urgente que se tomen medidas frente al asunto. Ya no se trata de nostalgia, conflictos políticos, o mero capricho. Estamos hablando de detener la discriminación y la exclusión. Estamos hablando de algo con lo que tanto les gusta llenarse la boca a los políticos del país. Estamos hablando de hacer democracia.

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